Cada noche, antes de dormir, nuestra mente repasa de manera automática lo que ocurrió durante el día. Muchas veces ese repaso está lleno de preocupaciones, de cosas pendientes o de momentos que nos causaron estrés. Eso no solo afecta la calidad de nuestro sueño, sino que también condiciona la manera en que despertamos al día siguiente.
Cuando descubrí el poder de agradecer antes de dormir, mi vida cambió. Empecé con algo muy sencillo: justo antes de cerrar los ojos, pensaba en tres cosas que habían sido positivas en mi día. Al principio me costaba encontrarlas, sobre todo si el día había sido difícil, pero pronto entendí que siempre hay algo que agradecer, incluso en medio de los problemas: un gesto amable, un momento de silencio, el simple hecho de estar vivo.
Este pequeño ritual no solo me ayudó a conciliar el sueño con más paz, sino que empezó a transformar mi manera de ver la vida. La gratitud es una energía poderosa: cuando agradeces, tu mente se enfoca en lo que sí está bien, y eso crea un estado de calma que favorece el descanso y la claridad mental.
Puedes probarlo esta misma noche. Cierra los ojos, respira profundo y trae a tu mente al menos tres cosas buenas del día. No importa lo pequeñas que parezcan: una sonrisa, un mensaje, un atardecer. Permite que esa sensación de gratitud te envuelva y te acompañe hasta quedarte dormido. Es un gesto sencillo, pero puede convertirse en una de tus prácticas espirituales más poderosas.

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