¿Alguna vez has sentido que los días pasan en automático? Yo sí. Mi rutina estaba llena de pendientes y compromisos, pero sentía que algo me faltaba. Fue entonces cuando decidí probar algo muy simple: escribir, cada noche, tres cosas por las que me sentía agradecido.
Al principio fue difícil. Me quedaba mirando el cuaderno sin saber qué poner. Anotaba cosas muy simples: “Hoy no llovió”, “Tomé un café que me gustó”, “Llegué temprano a casa”. Pero poco a poco mi mente empezó a buscar activamente cosas para agradecer durante el día. Me sorprendía notando detalles que antes pasaban desapercibidos: la sonrisa de un desconocido, una llamada de un amigo, el olor a pan recién hecho.
Después de 30 días, el cambio era evidente. Mi nivel de estrés bajó, mis pensamientos negativos disminuyeron y hasta mi manera de relacionarme con otros mejoró. Descubrí que la gratitud no es solo un acto de cortesía, sino una herramienta para entrenar el cerebro a enfocarse en lo positivo.
Este hábito no requiere grandes esfuerzos, solo constancia. Si quieres probarlo, toma un cuaderno o usa tu celular y anota tres cosas cada noche. Hazlo durante un mes y observa cómo tu perspectiva de la vida cambia. Es un pequeño hábito, pero el impacto puede ser inmenso.

Deja un comentario