La historia que me enseñó a soltar el control

Hace unos años, tuve un día que parecía sacado de una película de comedia… o de terror. Todo salió mal: me quedé dormido, perdí el bus, llegué tarde al trabajo y para rematar se dañó mi computador justo antes de entregar un proyecto importante. Pasé gran parte del día luchando contra lo que pasaba, frustrado y con la sensación de que el mundo estaba en mi contra.

En un momento de desesperación, decidí salir a caminar. Mientras caminaba, empecé a observar a la gente a mi alrededor: algunos sonreían, otros hablaban por teléfono, otros corrían porque también iban tarde. Y fue entonces cuando tuve un pensamiento simple pero poderoso: “Nada de esto está bajo mi control”.

Respiré profundo y me permití soltar. Dejé de pelear con la situación y regresé con otra actitud. Llamé a mi jefe, expliqué lo que había pasado y encontramos una solución temporal para el proyecto. El resto del día fluyó mejor, no porque las cosas mágicamente se arreglaran, sino porque yo decidí cambiar mi forma de reaccionar.

Desde ese día, entendí que el control absoluto es una ilusión. Podemos planear, podemos organizarnos, pero siempre habrá imprevistos. Soltar no significa rendirse, significa aceptar lo que está fuera de nuestras manos y actuar desde la calma. Cuando lo hacemos, nuestra mente se libera de la carga de querer controlar todo, y encontramos más paz.

Si sientes que el estrés te supera, intenta hacer una pausa y preguntarte: “¿Puedo controlar esto?”. Si la respuesta es no, respira y déjalo ir. Es un acto de autocuidado que te dará claridad y bienestar.

Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *